Capítulo 5



           
- Muy bien. Entonces Max irá por este lado. Natalie lo cubrirá desde aquí.Michael, Seamus y Claire emprenderán la ofensiva, y Sam y yo avanzaremos hacia aquel montículo, para tratar de colarnos en su cuartel. El resto-dijo, dirigiéndose a un grupo de unos quince-, repartíos por el campo de batalla e intentad sorprender a las tropas enemigas.

- ¿Y yo? -sonó la voz de una chica, que parecía realmente ofendida-¿Qué se supone que tengo que hacer yo?

Aquella chica era Rachel. Jake (que era como descubrí que se llamaba aquel siniestro tío con el que me había encontrado días antes en la cafetería del instituto) era el capitán de nuestro equipo de paintball. 

Todavía hoy recuerdo aquella escena con tanta nitidez como si la estuviera viviendo de nuevo. Jake explicaba el plan de ataque a todos los miembros de nuestro equipo, entre los cuales estábamos Rachel y yo. Pero, al parecer, Jake no había contado con ella en sus planes de invasión, lo cual me dio algo de lástima. Me acerqué a Jake y le dije algo al oído.

- Está bien. Tú vigilarás nuestro cuartel, Rachel. Si ves a algún desconocido acercarse, dispara sin piedad.
- Hecho-dijo, sonriendo-.

Realmente tenía miedo de lo que pudiera pasar. Nunca había jugado al paintball, pero al parecer el resto sí. ¿Acaso era el único que pensaba en aquello como algo para pasar el rato, y no una guerra de verdad? 

En mi opinión, aquello parecía más uno de esos campos de entrenamiento intensivo del ejército que un sitio de juego. Era algo así como aparecer de repente en uno de esos juegos de "Call of duty", sin haber disparado un arma en tu vida. Y, aunque fuera con balas de pintura, estaba seguro de que un disparo también dolería. 

La cuestión es que sonó la señal, aquella que indicaba el comienzo del juego. La verdad es que me daba algo de rabia que Remy no estuviera en nuestro equipo, que prefiriera ir con Riley antes que conmigo. Habíamos hecho tantas cosas juntos...

Entonces empecé a oír disparos,vi a varios de los nuestros internándose en el campo de batalla y a Jake llamándome. Preparados para entrar en acción. 

- No te preocupes, Sam-me dijo Rachel, tras lo cual me dio un beso en la mejilla-. Te cubriré desde arriba, no te perderé de vista. Y ya verás cómo los machacaremos.

No sabía cómo sentirme, si acosado, querido, entristecido o acojonado. Así que me quedé con una mezcla de todo, y avancé corriendo junto con Jake. Dispuestos a vencer al enemigo. O a pringarnos en el intento.

Así que allí estaba yo, en medio del campo de batalla,avanzando lenta y sigilosamente. Iba con Jake, aunque eso no me hacía tener menos miedo. Nuestros compañeros de equipo eran buenos, pero los del otro lo eran aún más.

- ¡Allí!-susurró Jake, de pronto-.
- ¿Qué?
- ¿No lo ves? Es Riley.

Me giré, y los segundos que siguieron a aquello parecieron sacados directamente de una película, mezcla de James Bond y Matrix. Riley empezó a correr a campo abierto, imagino con el objetivo de llegar hasta nuestra base.

Pero lo más sorprendente fue que el tío fue esquivando una a una, todas las bolas de pintura. Le dispararon docenas, tal vez cientos, pero ni una sola de ellas le rozó siquiera. Pensé en lo guay que habría estado si alguien hubiera puesto música tipo "Carros de fuego" de fondo mientras Riley corría.

Pero no me dio tiempo a pensar demasiado. Riley no sólo esquivaba todas las balas, sino que se dedicaba a dejar fuera de combate a todo el que se le ponía por delante. Y lo hacía tan rápido que me preguntaba si le daría tiempo a distinguir entre compañeros y enemigos. Jake me tiró de la manga.

- ¡Vamos!-me dijo en voz baja-. Retirada al cuartel.

Así que allí nos fuimos. Había uno de los del equipo contrario esperándonos a medio camino y me apuntó, pero una de esas balas de pintura cayó del cielo y le dio de lleno en el chaleco. Miré hacia arriba, en la dirección de nuestro cuartel, y vi a Rachel, quien aprovechó para saludarme. Tener a una chica como ella protegiéndote tiene sus ventajas.

Jake y yo nos metimos en el cuartel.

- Caray-decía, nervioso-. Nos están machacando. Y me he quedado sin balas. Si esto sigue así, acabarán con nosotros.
- No, no lo harán-dije, mientras salía de allí, preparado para improvisar algo-.

Realmente fue como si me hubieran poseído de repente, pues jamás habría hecho algo así en plena consciencia de mis facultades. Pero la cuestión es que lo hice.

Me asomé a la entrada del cuartel y me escondí detrás de la valla. Y entonces vi a Remy, avanzando entre los matorrales. Estaba realmente cerca, y si no la detenía alguien pronto irrumpiría en nuestro cuartel.

- ¿A qué estás esperando?-me agobiaba Jake-. Si la tienes a tiro, ¡dispara!
- No...No puedo.
- ¿Qué? Escucha, Sam, si no la paras la pararé yo, pero no voy a permitir que perdamos por tu culpa. Dame el arma.
- No, Jake. No lo entiendes. No he tenido valor para disparar a nadie, y mucho menos a mi mejor amiga.
- Pues entonces lo haré yo-dijo, intentando arrebatarme el arma-.
- ¡Que te he dicho que no! Déjame, no te voy a dar el...

Empezamos a forcejear, sin darnos cuenta de que lo hacíamos teniendo cada uno un dedo en el gatillo. Mientras los pocos y desprevenidos combatientes supervivientes de nuestro bando se acercaban corriendo a toda velocidad hacia nuestro cuartel,una de las balas de mi arma se disparó y dió justo (pero mira que hace falta tener mala pata) en el interruptor que bajaba la compuerta principal de nuestra base.

Aterrorizados, nuestros aliados empezaron a pedir ayuda a gritos, pero ya era demasiado tarde. Una oleada de soldados enemigos se abalanzó sobre ellos en plan emboscada, y se los cargó a todos. Sólo quedábamos Rachel, Jake y yo.

Lo que pasó después fue un desastre. Jake salió en plan kamikaze, lo cual duró unos dos segundos aproximadamente. A pesar de que Rachel se cargó a un montón de enemigos, acabó siendo derribada por uno (curiosamente, interponiéndose entre ese uno y yo). Aquello, lógicamente, clamaba venganza, y fue entonces cuando uno de los combatientes enemigos me sorprendió y me disparó.

No sé qué me dolió más, si el hecho de que aquel combatiente que me había disparado fuera Remy, o que el disparo me hubiera dado de lleno en mi parte más débil. 

- ¡AUGGGH!-tuve que soltar-.
- Vaya, lo siento, Samsagaz. No pretendía hacerte daño.
- Es igual, tampoco es para tanto... Trece.

En aquel momento, se oyó el pitido de final de combate, y Riley llegó para abrazar a Remy, empezando los dos a reír a carcajadas. Y yo, preguntándome si una bola de pintura rosa me habría dejado estéril.

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